El divorcio es la forma de disolver judicialmente un matrimonio. Cuando los cónyuges deciden poner fin a su matrimonio pueden hacer tres cosas, pedir la nulidad, la separación judicial o el divorcio. Cada una de ellas tiene sus propios requisitos y consecuencias. Aunque lo más normal, actualmente, es que los cónyuges decidan divorciarse.

¿Qué es el divorcio?

El divorcio viene regulado en el artículo 85 y siguientes del Código Civil Español y aunque el Código Civil no ofrece una definición del divorcio, la Real Academia Española lo define como:

Disolver o separar, por sentencia, el matrimonio, con cese efectivo de la convivencia conyugal.

En contra de lo que pueda parecer no es lo mismo la separación judicial que el divorcio. La mayor diferencia es que la separación judicial implica la suspensión del matrimonio y, por tanto, los cónyuges pueden reconciliarse y dejar sin efecto la separación judicial, es decir, volver a la situación anterior, como si nunca se hubiesen separado, mientras que, el divorcio implica la disolución del matrimonio, lo deja sin efectos y, en caso de reconciliación, los cónyuges, si desean renovar su matrimonio, deben volver a casarse.

Señalar que la nulidad matrimonial solo se da en circunstancias muy tasadas, es decir, solo se otorga la nulidad matrimonial si se cumplen una serie de requisitos, como por ejemplo: Que el matrimonio se haya celebrado sin el consentimiento de uno de los cónyuges, que se haya celebrado sin que lo haya otorgado una autoridad competente, que se haya obligado a uno de los cónyuges a contraer matrimonio bajo miedo o coacción, etc.

Hoy por hoy, el divorcio no está reconocido por la iglesia católica, por lo que, si un matrimonio casado por la iglesia se divorcia, ninguno de los dos cónyuges podrá volverse a casar por la iglesia, podrá hacerlo civilmente tantas veces como quiera, pero no por la iglesia, salvo que, soliciten y se les otorgué la nulidad eclesiástica. Figura jurídica a la que acuden algunos cónyuges, normalmente, con un poder adquisitivo elevado, para poder volver a casarse por la iglesia.

Como hemos dicho al inicio de este artículo, actualmente, lo más habitual es que cuando se decide poner fin a un matrimonio, los cónyuges decidan recurrir al divorcio.

El divorcio lo acuerda el juez por sentencia judicial y para solicitarlo juegan las mismas causas que para solicitar la separación judicial (artículo 81 del Código Civil), esto es: pueden solicitarlo ambos cónyuges de común acuerdo, uno de los cónyuges con el consentimiento del otro o cualquiera de los cónyuges esté el otro cónyuge de acuerdo o no con ello o quiera o no el divorcio.

Para poder solicitar el divorcio tienen que haber transcurrido, al menos, tres meses desde que se celebrase la boda, salvo que, se acredite la existencia de un riesgo para la vida, la integridad física, la integridad moral o libertad e indemnidad sexual del cónyuge demandante o de los hijos de ambos o de cualquiera de los miembros del matrimonio.

Hay que señalar que esto no siempre ha sido así, la ley del divorcio (que se aprobó en España en 1981) no fue modificada hasta el año 2005 (a través de la Ley 15/2005, de 8 de julio que introdujo las modificaciones en el Código Civil Español), donde el divorcio se reguló tal y como lo conocemos en la actualidad. Anteriormente al 2005, si los cónyuges decidían poner fin a su matrimonio, tenían que esperar, al menos, un año desde que se celebrase la boda y solo podían solicitar la separación judicial (no el divorcio) transcurrido un año desde la boda. Si querían el divorcio, tenían que pedirlo transcurrido un año desde la separación judicial, pero no podían acudir directamente al divorcio, como ocurre actualmente. Antes de la reforma del 2005, para poder recurrir al divorcio, los cónyuges tenían que haber estado separados judicialmente como mínimo un año y además tenían que justificar las causas por las que ponían fin al matrimonio, primero por separación judicial y después a través del divorcio.

Actualmente, tras la reforma del año 2005, no es necesario justificar ningún tipo de causa para solicitar el divorcio, siempre y cuando, hayan transcurrido tres meses desde la celebración del matrimonio.

En el proceso de divorcio que, como hemos dicho se otorga por un juez mediante una sentencia judicial, no solo se acuerda la disolución matrimonial, sino que, además, se estipulan las reglas por las cuales se regirán los cónyuges a partir del divorcio, es decir, si los cónyuges tienen hijos en común deberá establecerse qué tipo de guarda y custodia se va a otorgar, régimen de visitas, pensión de alimentos, pensión compensatoria, uso de la vivienda conyugal, reparto de bienes, etc.

De ahí que sea muy recomendable, en la medida de lo posible, que sean los propios cónyuges los que decidan el futuro de sus hijos en cuanto a: la guarda y custodia, el régimen de visitas, la pensión de alimentos, en su caso, etc. ya que, siempre será mejor lo que acuerden ellos como padres (que conocen mejor que nadie a sus hijos y sus necesidades) que un juez que, al fin y al cabo, es un tercero que no conoce la vida familiar del matrimonio, ni a los hijos, con lo cual, por muy buen juez que sea y por muy bien que quiera hacer su trabajo y por muy justo que quiera ser, probablemente, su sentencia no se ajuste a las necesidades de la nueva estructura familiar tras el divorcio y ello es, simple y llanamente, porque no conoce la situación cotidiana salvo lo que los progenitores le hayan podido contar el día del juicio. Por todo ello, es importante, que en tanto y cuanto sea posible, sea el matrimonio el que decida como se va a regular la nueva estructura familiar tras el divorcio.

En caso de que los cónyuges no consigan alcanzar un acuerdo por si solos, hay mecanismos, previos a un divorcio contencioso (decide el juez) que pueden ayudarles, como es, acudir a una mediación familiar, donde pueden llegar a terminar de alcanzar el acuerdo que necesitan para poder regir sus nuevas vidas tras el divorcio o incluso, aunque no consigan ponerse de acuerdo en todo, si pueden hacerlo sobre algunos aspectos y todo lo que ellos acuerden el juez lo homologará y éste solo decidirá sobre el resto de asuntos sobre los que no se hayan puesto de acuerdo.

Si alcanzar un acuerdo resulta imposible, entonces está la vía judicial y será el juez quien decida el futuro del matrimonio tras el divorcio.

¿Qué es el divorcio?